Una visita al Paraíso Interior.

Una actividad cultural brillante

La previa a la actividad organizada por ADEMAR-JAÉN fue un tanto inquietante. Las previsones meteorológicas anunciaban frío, lluvia y nieve a partir de los 600 metros. Quienes nos habíamos apuntado a la salida cultural, unos dudaban en hacerla, otros no sabían qué ponerse por las inclemancias del tiempo…con este mar de dudas, puntuales como un “Longines” ventiocho intrépidos excursionistas nos dimos cita en la puerta principal del Colegio.

Nuestra primera parada fue el pueblo de Villacarrillo. ¡Precioso! Enclavado en la comarca de Las Villas tiene una amplísima y vasta historia. Estuvimos acompañados por nuestra joven compañera Natalia Martínez de la Torre, actualmente haciendo una sustitución en el Colegio, y por dos miembros de la ‘Asociación Amigos de la Historia de Villacarrillo’, uno de ellos, Ramón Rubiales, es antiguo alumno. Tras la foto de grupo en la plaza Juan XXIII, a espaldas de la iglesia y antiguo mercado, accedimos a comenzar la visita, visita que giró en la comprensión del núcleo de población desde su fundación, su segregación de Ifnatoraz y su actual situación jurídico-administrativa como partido judicial. Quedamos sorprendidos cuando entramos al interior de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Boquiabiertos expresamos todo tipo de asombros. Esta iglesia fue iniciada en 1534 sobre los cimientos, muros y torreones de la antigua fortaleza medieval de origen árabe y sobre la antigua Iglesia de Santa María del Castillo. Es obra, posiblemente la primera en nuestra provincia, del maestro de cantería Andrés de Vandelvira que a su muerte continuan su ejecución su discípulo Alonso Barba y otros maestros canteros como Juan de Ostiaga, Pedro y Alonso de Régil y Juan Maeda.

Es un edifico de planta basilical de salón  (naves a la misma altura: hallenkirche) de tres naves divididas por pilares formados con cuatro finas columnas adosadas, a modo de baquetones góticos. Las cubiertas de la nave central llevan arcos de medio punto cubiertos con cúpulas con linternas y las naves laterales, con arcos apuntados, las cubre con bóvedas vaídas (llamada también ‘de pañuelo’). En las naves laterales encontramos ricas capillas de las que sobresalen la del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz y la de Nuestra Señora del Rosario, a quien el grupo cantó  la “Buena Madre”.

Parecía que el tiempo no pasaba. A todos nos ilusionó, yo diría que nos enamoró esta belleza arquitectónica del gran maestro Vandelvira. Finalizamos la visita con el acceso al Museo parroquial donde se guardan y exponen con todo mimo casullas muy hermosoas, por cierto, y objetos de platería y custodias.

Nos despedimos de este ejemplar edificio y ofrecimos un breve descanso que fue aprovechado para hacer acopio del famoso ajomorcilla villacarrillense. Con un pequeño refrigerio matutino pusimos rumbo al Paraíso, no sin antes despedirnos de los guías, de nuestra querida y amable “compi” y de su prometido Paco, que también estuvo muy atento a las necesidades del grupo. A todos, mil gracias y que Dios os lo pague.

Con un poco de agobio por el tiempo que se nos echó encima, según las muestra de nuestro insigne Vice, partimos hacia la Sierra de Cazorla. Estaba previsto una breve parada en el Tranco, embalse importante que fue una de las obras de ingeniería más significativas de España, creo que de Europa, en 1946 pero…el tiempo y el reloj mandaban.

Nuestro segundo objetivo fue el Parque Cinegético «Collado del Almendral». Asombroso. Accedimos a un trenecillo, controlado también por un antiguo alumno, que nos hizo un amplio recorrido donde pudimos ver muy de cerca (¡y tanto!) a las especies que habitan en este Parque Natural: cabras montesas, gamos, muflones, ciervos…nos recibieron con “aplausos” y nos saludaron muy amablemente. Finalizamos este hermoso recorrio (la Sierra estaba de dulce) con un paseo a pie hasta el lugar de cetrería, donde el cetrero estaba ayudando a aves rapaces nacidas en cautividad a volar. Espectáculo bonito, curioso y preciso el ver a las aves hacerle caso a este señor.

El tiempo se echaba más encima. Las tripas estaban sonando. Tomamos el magnífico bus rumbo al descanso y reposición de fuerzas. Nuestro chófer, Alfonso, se pasó la entrada al restaurante con lo cual la incertidumbre aumentó. A pocos metros de ella, dimos la vuelta y accedimoa al Hotel La «Noguera de la Sierpe», precioso, confortable y cómodo,  donde fuimos recibidos casi pasadas las cuatro de la tarde pero con muchísima amabilidad. Evidentemente, como dice el refranero: Hambre que espera hartura, no es hambre ninguna. Magníficas viandas que dimos cuenta de ellas poco a poco. Un ambiente de felicidad mostraban todos los comensales y a la vez excursionistas. El menú, como se dice ahora, espectarular.

Cerca de las seis de la tarde abandonamos la Sierra, ahora por Cazorla, y en una sola jornada recorrimos prácticamente todo el Parque. Llegamos muy contentos, algo cansados pero llenos de ganas y sonrientes gracias a las ocurrencias de nuestro buen amigo Diego Valenzuela.

Aquí termina una jornada que empezó con cierta incertidumbre, por aquello del tiempo sin embargo la naturaleza nos regaló un día espléndido, pero acabó con mucha felicidad y ganas de volver a realizar otra.

Finalizo dando las gracias a los excursionistas, animando a quienes dudan de estos eventos a que den el paso y vengan, nunca se arrepentirán, y esperemos que en la próxima actividad que programe la Asociación, como mínimo, lo pasemos como en esta.

 

 

 

 

Una visita al Paraíso Interior.

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